
Caminando, de repente, se te olvida el mundo y retornas a otro universo que una vez dejaste atrás, camuflado por el día a día, la superficie, los males cotidianos, o los bienes, o lo que sea…
El tan solo tener que caminar y cumplir quilómetros, y, con ellos, etapas, es la mejor de las terapias internes, un lujo para el cuerpo y para el alma.
En el camino eres tu y de repente, la gente que encuentras, que también es ella y solo ella, pasa a formar parte de tu devenir.
Anduve, y anduve, con mi hermano cerca, con nuevas caras amigas y nunca habría parado de andar.
La vida puede ser tan sencilla…adelante, adelante.
En este camino, estos días, he nacido un poco más…